Política

Si elimina las PASO, el peronismo podría ganar aún perdiendo

OPINIÓN. Cristina Kirchner debe estar maldiciendo el día en que Néstor Kirchner inventó las Primarias en 2009. Desde la oposición de Juntos por el Cambio, hoy no podrían estar más de acuerdo con este sistema único en el mundo para dirimir las internas de los partidos políticos antes de una elección.

En su momento, la entonces presidenta Cristina Kirchner dijo elogiosamente que era algo “como en Estados Unidos”. Hay algo de cierto: hay un par de estados que hacen primarias abiertas y simultáneas, pero no obligatorias. Es diferente. La idea fue de Néstor Kirchner, que fue derrotado en las legislativas de 2009 a raíz de la “Guerra del Campo” y temía la división del peronismo.

Juntos por el Cambio, un producto de las PASO

Las PASO son el mecanismo perfecto para dirimir candidaturas en una coalición de partidos en la que varios socios tienen muy pocos afiliados pero mucha intención de voto y otros, como los radicales, muchos afiliados y menos intención de voto. Especialmente el PRO, que se lleva el grueso de los votos de la alianza a nivel nacional, no cuenta con una base de afiliados como para realizar una primaria cerrada.

Para colmo, la alianza que se llamó Cambiemos y hoy varía, según distrito, entre Juntos y Juntos por el Cambio, no tiene una visión común en aspectos tan variados como la dolarización de la economía o cómo poner una valla para contener a manifestantes: hay diferencias importantes dentro del radicalismo y también en el PRO fundado por Mauricio Macri. Es un todos contra todos cada vez más caldeado.

Las PASO ordenarían todas esas disputas y diferencias. La ausencia de esa instancia electoral podría llevar las discordias cruzadas entre la UCR y el PRO a una ruptura en dos, tres o más pedazos.

A ese fraccionamiento, hay que sumarles a los liberales y libertarios. El economista Javier Milei acusa en las encuestas casi 20 por ciento. ¿Podría darse un balotaje entre un candidato kirchnerista y Javier Milei? Con un Juntos por el Cambio dividido, no es descartable.

Las encuestas son muy contundentes

El peronismo de todos modos no podría ganar. Pero una fragmentación de la oposición podría ser la base para que conserve intacto el poder de condicionar al próximo gobierno a partir de diciembre de 2023 y dificultar la gobernabilidad.

Sin PASO se podría generar una dinámica que prácticamente pulverizaría al voto opositor. Según las encuestas, hoy el 80 por ciento de los argentinos prefiere cambio sobre continuidad para el próximo gobierno, pero entre los problemas de fiscalización que ya parecían superados y la acción del “cruel” sistema D’Hont de reparto proporcional de bancas, el kirchnerismo podría hacer “rendir” al máximo su voto y convertir su derrota en triunfo.

Vamos por partes para entender este fenómeno. Una de las grandes innovaciones en las elecciones argentinas que llevaron al gobierno a Cambiemos en 2015 -además del descontento con la gestión del kirchnerismo- no solo fue la PASO para dirimir las candidaturas: el factor clave fue que la oposición se unió para fiscalizar el proceso electoral en prácticamente todo el territorio. El radicalismo y su presencia en algunas provincias del interior fue muy importante, pero todos juntos lograron la masa crítica.

También incidió un fallo de la Justicia Electoral que desde entonces impide en elecciones presidenciales que las autoridades electorales en locales de votación en distritos de gran mayoría peronista -como en muchos lugares del Conurbano bonaerense- echen de los centros de votación a fiscales opositores con residencia en otros distritos: un cambio copernicano que ayudó a mejorar mucho el control de los comicios. Pero hay que tener fiscales y eso requiere un enorme número de voluntarios.

Un ejército de fiscales

¿Si la ausencia de PASO lleva a Juntos por el Cambio a dividirse en varias ofertas, podrá ser tan eficiente en la fiscalización?

Si Mauricio Macri al principio de su mandato hubiese apostado por la boleta única de papel, que es la forma en que se vota en el 90 por ciento de las democracias, el robo de boletas (delito tradicional argentino) ya no sería un problema. Pero su apuesta fue a pleno a la boleta electrónica: un sistema cuestionado en varias partes del mundo, lo que le sirvió al peronismo para rechazar esa reforma por “sospechosa” de fraude, y Cambiemos no pudo avanzar.

Todos los intentos posteriores por la más segura y económica boleta única papel chocaron en el Congreso con la pared de la mayoría peronista en el Senado.

Pero, además, como el kirchnerismo en 2009, para complicarle la vida a la oposición, aumentó la cantidad de urnas a cien mil: una buena fiscalización requiere de un verdadero “ejército” de más de cien mil fiscales entrenados.

Y aun si, pese a una eventual fragmentación, la oposición lograra buen control de las urnas para evitar el fraude, el implacable D´Hont terminaría volcando automáticamente una avalancha de votos a favor del ganador.

El sistema lo desarrolló el matemático belga Victor D’Hont hace 150 años y se usa en casi todo el mundo para distribuir bancas de una manera justa y proporcional. En la elección de diputados, por ejemplo, dependiendo del distrito se ponen en juego pocas bancas de manera que a las fuerzas más chicas y fragmentadas en las provincias siempre le terminan “faltando” votos para conseguir un escaño. Esos votos terminan aritméticamente “perdidos”.

No es una conspiración, sino la única forma de repartir escaños: aun con un resultado previsiblemente mediocre en muchas provincias, el kirchnerismo -si se mantiene unido- haría rendir su “derrota” al máximo y hasta podría recuperar su mayoría en Diputados, aunque después pierda en un muy probable balotaje.

Juntos por el Cambio sin plan B

En Juntos por el Cambio, admiten que todavía no tienen “Plan B” para compensar una eventual eliminación de las PASO por iniciativa del kirchnerismo y con el acompañamiento de unas cuantas provincias.

El argumento “para la tribuna” suena muy razonable: “hay que ahorrar para bajar el déficit y cumplir con las metas acordadas con el FMI”. Es una verdad relativa y bastante hipócrita: si se pasaran las elecciones a boleta única de papel se produciría un ahorro similar y, de paso, se talarían menos árboles en nombre del “robo de boletas”.

Para colmo, esto de que a los oficialismos que quieren reelegir no les vienen bien las PASO quedó demostrado cuando en 2019, ante una derrota bastante previsible del oficialismo nacional del gobierno de Mauricio Macri, varios voceros cambiemitas también salieron por los medios a proponer bajar las PASO.

Es que anticipaban que -para complicar más las cosas- los votantes ya entendieron que las primarias no son el resultado definitivo, y ya se acostumbraron a usar esa elección como arma para castigar: Macri perdió por 17 puntos contra la fórmula Fernández – Fernández en las PASO de 2019. El kirchnerismo cayó el año pasado en las legislativas casi 15 puntos ante Juntos por el Cambio. Esas fuerzas lograron repuntar después en la elección definitiva, pero el “efecto catástrofe” con el que arrancaron después la “verdadera” elección fue desmotivante tanto para los votantes como para los “aparatos” que debían fiscalizar y movilizar.

Distintas épocas, mismos argumentos para suspender las PASO

El argumento de Cambiemos en su momento para proponer eliminar las PASO: “hay crisis y habría que ahorrar”. ¿Suena familiar? De eso mismo se agarra el kirchnerismo hoy para argumentar su eliminación. En el país del despilfarro permanente, ahorrar con las PASO es casi un chiste.

¿Cuál podría ser el “plan B” de Juntos por el Cambio para no dividirse y llegar juntos a 2023?

Una opción podría ser una primaria no obligatoria. El costo sería alto. Además debería ser una elección abierta a que votara cualquiera, ya que se trata de una coalición que no tiene afiliados prácticamente.

Pero una primaria abierta no obligatoria ni simultánea tiene su riesgo: el peronismo -que no haría primaria- podría movilizar a sus seguidores a votar en la interna opositora. Obviamente, mandaría a votar por el candidato al que el kirchnerismo le pueda ganar o con el que pueda perder con la menor diferencia.

El consultor político y matemático Felipe Noguera remarca que en las actuales primarias en Estados Unidos -en los estados en los que son abiertas- en muchos distritos los demócratas mandaron a su gente a votar en la interna republicana por candidatos del expresidente Donald Trump. “Es una movida arriesgada, porque hoy Trump está fortalecido”, explicó.

Los kirchneristas podrían votar, por ejemplo, al que tenga la mayor imagen negativa de la oposición: hoy, según las encuestas, podría ser el expresidente Mauricio Macri, cuya mala imagen está bajando, pero todavía es mucho más alta que la de sus rivales del PRO, Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich o María Eugenia Vidal. El radical Facundo Manes tiene menos grado de conocimiento, pero también cuenta con baja imagen negativa.

Por eso para que se cumpla el sueño de la oposición de volver al poder con más capacidad de maniobra que la que tuvo en el período anterior, si se impone el kirchnerismo en la Cámara de Diputados y logra suspender las PASO, la mejor opción sería un “pacto de caballeros” o encontrar alguna forma innovadora para que su más de media docena de aspirantes al Sillón de Rivadavia puedan dirimir sus diferencias civilizadamente y así volver con el mejor candidato para conseguir gobernabilidad: ¿una competencia de encuestas? Noguera remarca que en México, el presidente José Manuel López Obrador elige a todos sus candidatos para diversos cargos mediante encuestas.

Excepto un “piedra, papel o tijera” o un “pan, queso”, las opciones están abiertas para que la oposición elabore un plan alternativo. “Lo que le recomendaría a Juntos por el Cambio es empezar ya mismo a debatir las reglas de juego de emergencia para resolver los cargos y candidaturas y no dejarse sorprender ni dividir, si el kirchnerismo logra eliminar las PASO”, aconseja Noguera.

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