EDITORIAL: El niño no le teme al agua, le teme a la derrota

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Hay una frase que se repite en La Paz cuando llueve: el niño no le teme al niño. Le teme a la derrota por faltar a la palabra.

Y si hay alguien que hoy siente ese miedo en carne propia es Bruno Sarubi. Colgado del saco del Gobernador, que todavía mantiene imagen positiva en Entre Ríos, el diputado se prende fuerte, como un niño pidiendo ayuda en los momentos más difíciles de su carrera política.

Dicen en los pasillos que el niño anda de capa caída. Que no sabe cómo armar un proyecto de cara a 2027. Qué discurso dar. Qué excusa creíble inventar para convencer a una población desgastada, agotada de promesas y de políticos que una vez que cruzan el Arco de La Paz se olvidan del barrio, del barro y de pelear en Casa de Gobierno las obras que ellos saben que los vecinos necesitan.

Son 10 años del radicalismo al frente de la Municipalidad. Ocho le correspondieron a Bruno Sarubi. En sus primeros discursos, en sus comienzos, su bandera era la crítica feroz a las gestiones peronistas de Nogueira y Castrillón. Criticaba el abandono, la falta de obras, la desidia.

Lo que combatía, hoy lo siente propio. Fue discurso. Fueron lindos versos cuando dijo, ya en Diputados, que «desde la provincia podré ayudar a nuestro intendente a solucionar los problemas de la gente».

¿Qué pasó?

La ciudad sigue inundándose en el mismo lugar: detrás del cementerio, en la zona del Cabayú Cuatiá, entre el Puente Blanco y el Puente Rojo. La misma foto de 2016, pero con 10 años más.

En la cabeza de Bruno Sarubi hoy hay un laberinto:

Si corre como senador, sabe que puede fracasar por el poderío territorial de Daniel Rossi en Santa Elena. Si juega como intendente, sabe que lo puede llevar puesto el fenómeno del Niño, la falta de obra pública, una municipalidad endeudada y el haberse olvidado de sus propios punteros en los últimos 3 años.

Entonces, la cuenta es simple: me quedo en la banca de diputados, salvo que Frigerio me acomode en un ministerio y me salve desde allí.

Mientras tanto, afuera llueve. Caen 45 milímetros en minutos. El agua entra a las casas. Y la gente no pregunta por el Niño. Pregunta dónde están las obras que se prometieron en 2016.

Ese es el verdadero temor. No al agua. A la palabra incumplida.

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