CUIDEN AL GOBERNADOR: La sombra de los malos armadores territoriales que pueden complicar a Frigerio en el interior

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No es solo Federación. En La Paz, el caso del diputado Bruno Sarubi expone un patrón que se repite: promesas de campaña a nombre de Rogelio Frigerio, territorio abandonado y vecinos que hoy se sienten estafados.

El gobernador Rogelio Frigerio recorre Entre Ríos inaugurando obras, mostrando gestión y sosteniendo una imagen positiva que le costó años construir. Pero hay algo que su mesa chica debería mirar con urgencia: algunos dirigentes en los que confía para anclar territorio en el interior pueden terminar siendo su peor lastre.

Lo que pasó en Federación, con el ex intendente Ricardo Bravo -Secco- y el productor Ricardo Rigoni diciéndole al propio gobernador «me usaron para hacer la campaña», no es un hecho aislado. Es un síntoma.

En La Paz, el espejo es casi idéntico y tiene nombre y apellido: el diputado Bruno Sarubi.

Foto Archivo: Sarubi- Fiigerio- Martin- Wensel recorriendo Bº Puerto Marquéz en campaña

Durante la campaña, Sarubi no solo se vendió a sí mismo. Vendió a Walter Martín, vendió su propia candidatura y, sobre todo, vendió el nombre de Rogelio Frigerio. A cada barrio, a cada junta de gobierno, a cada escuela rural, la promesa era la misma: refacciones, trabajo, obras, soluciones históricas. Todo en nombre del futuro gobernador.

Tres años después, el relato choca de frente con la realidad.

En La Paz, a Sarubi no se lo encuentra. Los vecinos lo describen como un dirigente ausente. No tiene oficina, no recorre los barrios, no atiende el teléfono. Esa desconexión tiene consecuencias concretas.

Lo llaman desde la ribera del Paraná, donde el agua ya entra en las casas de las familias que colgaron sus pasacalles de «Sarubi Intendente» y «Sarubi Diputado«. Lo esperan en Barrio Feria, en ese terreno tomado y cedido por su propietario donde él mismo autorizó a levantar ranchos de nylon y chapa y prometió agua, luz y cloacas. Hoy, tres años después, esas familias siguen sin luz, sin agua potable y sin cloacas, colgadas de algún pozo o de una conexión precaria.

Lo reclaman de las escuelas rurales, de las juntas de gobierno, de Puerto Márquez, de los barrios populares donde las calles son intransitables. Y lo esperan también sus propios punteros, que trabajaron la campaña y hoy siguen sin trabajo y sin respuestas.

La preocupación no es solo por Sarubi. Es por lo que representa. Es el mismo manual que en Federación: prometer todo para llegar, usar el nombre de Frigerio como garantía y, una vez en la banca, olvidarse de la gente.

El riesgo político es claro: Frigerio paga el costo de promesas que él no hizo. Es el gobernador quien pone la cara en cada visita al interior y se encuentra con el reclamo acumulado contra dirigentes intermedios que le aseguraron que «está todo bien» cuando no lo está.

Cuidar al gobernador no es solo cuidar su agenda. Es cuidar su capital político. Es auditar a quiénes dicen representarlo en el territorio. Porque mientras el gobernador gestiona, hay legisladores y funcionarios que, cómodos en una banca de la Legislatura o en un sillón de la Casa Gris, siguen facturando a costa de su imagen.

La advertencia ya está hecha en Federación y en La Paz. Si no se corrige a tiempo, la imagen positiva de Frigerio empezará a erosionarse no por sus errores, sino por las mentiras y las falsas promesas de quienes dijeron ser sus soldados en el interior.

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Vídeo Federación: 

 

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