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Conoció a su hija el ucraniano que viajaba por Entre Ríos en el baúl de un auto

El empresario ucraniano, Víctor Melnyk, que realizó un increíble viaje desde Paraguay y hasta llegó a estar detenido por haber viajado en el baúl de un auto, finalmente pudo reencontrarse con su pareja y conocer a su hija recién nacida.

El empresario ucraniano que vivió una insólita odisea desde Paraguay para poder llegar al nacimiento de su hija -hasta viajar en el baúl de un auto por Entre Ríos- finalmente, pudo reencontrarse con su pareja y conocer a la recién nacida. Se trata de Víctor Melnyk, el accionista de una importante empresa (que tiene como objetivo ser presentada ante el Ministerio de Economía para poder instalarse en Argentina), que fue encontrado por un control policial dentro del baúl de un auto. El hombre suele viajar por Latinoamérica para analizar nuevos mercados donde expandirse e instalar su fábrica, la cual produce maquinarias para destilar el agua de mar.

Esta historia comienza cuando Viktor conoce a Romina G. una argentina oriunda de Rosario y se enamoran. Él le ofrece que lo acompañe a donde sea que viajara ya que viaja frecuentemente por cuestiones laborales. Así lo acordaron, comenzaron a viajar juntos y a vivir en distintos lugares hasta que Romina quedó embarazada cuando estaban en Sao Paulo, Brasil.

A principios de este 2020, Romina se atendía en una clínica privada de Sao Paulo, hasta que se enteraron que en la misma clínica había muchos casos de coronavirus, por ese motivo decidieron cambiar de país y trasladarse a Argentina mientras cursaban el tercer mes del embarazo. El 11 de marzo de 2020, ambos emprendieron su viaje pero con 2 destinos diferentes, por un lado ella vino a Buenos Aires y él viajó a Asunción del Paraguay para presentar su empresa al gobierno de ese país.

Pero Viktor no imaginó que al día siguiente, el 12 de marzo, debido a la pandemia se cerrarían las fronteras. Romina por su parte tuvo que quedarse en la casa de una amiga en Buenos Aires ya que no podía siquiera volver a su Rosario natal también por la cuarentena obligatoria. Y Viktor no pudo ni presentar su empresa, y debió quedarse a cumplir cuarentena en Paraguay, separado de Romina.

Así transcurrieron tres meses más y Romina, que transitaba su sexto mes de embarazo, quería trasladarse a la casa de su madre para estar acompañada, dado que las embarazadas no pueden consumir casi ningún tipo de medicamentos durante el embarazo y ella sufría de asma y estaba teniendo complicaciones.

La madre de Romina, logró conseguir un permiso para que su hija viaje de Buenos Aires a su domicilio en Rosario. Ella ya estaba a salvo, solo faltaba Viktor. Ambos, cada uno por su lado intentaron escribir a las embajadas para explicar la situación y poder volver a reunirse con su pareja, pero no obtuvieron respuestas alentadoras.

Además, Viktor quería casarse con Romina antes de la llegada de su hija ya que es un hombre de fe y su religión así lo determina (es Cristiano Ortodoxo). Él mismo escribió a la embajada de Ucrania en Argentina también para pedir ayuda en medio de la Cuarentena obligatoria, sin embargo no obtuvieron ayuda, y la respuesta solo fue que «la frontera está cerrada para usted y el resto del mundo».

Es por ese motivo que decidieron esperar a la apertura de Fronteras, pero la cuarentena se convirtió en «cuareterna», y Romina cumplió sus 8 meses de embarazo con la esperanza de que la frontera se iba a abrir antes, pero no ocurrió. Mientras tanto, Viktor decidió contratar un avión privado, con la idea de viajar a Argentina para estar con su mujer y esperar la llegada de su hija y previo a eso se hizo el hisopado para viajar con el papel que demostraba que no tenía covid-19.

Por otro lado, el Departamento de Migraciones de Paraguay autorizó a Viktor a salir con su certificación de plena salud de covid negativo, y le aclararon que ni el piloto ni el acompañante del vuelo podían salir del avión, solo volver a cargar gasolina y retomar la vuelta a Paraguay. A su vez, no le garantizaron que en Rosario lo dejaran descender del avión, salvo que tramitará en Embajada de Argentina los permisos que explicaban que su mujer estaba a punto de dar a luz y no tenía tiempo, que se acercaba la fecha del nacimiento y a él lo apremiaba la desesperación por la salud de su mujer con asma y su futura niña.

Debido a esto, Viktor decidió tomar un taxi en Encarnación, durmió tres noches en un Hotel y comenzó a averiguar cómo hacer para llegar a Argentina, ya que el puente que une Encarnación con Posadas, estaba cerrado. En ese momento, apareció un taxista que le ofreció su ayuda, y lo contactó con un pescador que en su barca cruzaba gente que venía a cobrar el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) a nuestro país. El ucraniano quiso pagarle al pescador por llevarlo pero este no quiso cobrarle. Así fue que Viktor le agradeció con víveres: dos sacos de choclos, 24 latas de cervezas, una botella de whisky, un cartón de tabaco y seis kilos de carne para agradecerle el gesto.

El empresario logró llegar a Argentina y tomó un remis que lo llevó durante 1100 kilómetros, pero el remisero le avisó que no tenía el permiso para ingresar a Santa Fe, y ofreció dejarlo en un puesto donde, según él, iba a poder hacer dedo y así lograr reencontrarse con su mujer. Viktor decidió parar un auto y le explicó la situación al conductor, sobre todo que estaba a punto de nacer su niña, al mismo momento le mostró el diálogo con su mujer en el celular, donde se leía que había roto bolsa.

Durante el viaje pasaron 20 o 30 controles sin ningún problema, pero le advirtió que el control que seguía a continuación era más exhaustivo y que iban a estar bastante tiempo para pasarlo ya que era un control antidrogas en el Paso Telégrafo. Viktor apurado por la situación, le preguntó al conductor de apellido Clucellas si podía pasarse al baúl de su Chevrolet Corsa. Clucellas aceptó y le dijo: «probemos».

Cuando llegan al lugar, los policías de Paso Telégrafo detuvieron el Chevrolet Corsa en la ruta 12 y divisaron que iba solo el conductor. Clucellas entregó los papeles y desplegó un trato afable hacia los uniformados. El vehículo no estaba a su nombre, sino que figuraba registrado en Itá Ibaté, Corrientes, por otra persona, un «amigo y pariente», según declaró el empresario posteriormente y tal como publicó el portal Aire de Santa Fe.

Los policías le pidieron al conductor que abriera el baúl, entonces para evitar que lo hicieran, Clucellas les dijo que llevaba un ciervo Axis, que se cazan en esa zona. Esto fue peor, porque despertó la curiosidad de los policías: «A ver el ciervo», dijo uno y abrieron el baúl, y ahí estaba Viktor. El empresario quiso salir del Baúl y los policías le dijeron que no hasta que lo fotografiaran.

Los efectivos le sacaron fotos y le pidieron que salga del baúl, Viktor accedió con su 1.80 cm de altura y sus 95 kilos (no 1.90 y 150 kilos, como se dijo en distintos medios). La contextura de Viktor se debe a que pertenece a los «Reales Tercios» un grupo Élite de España originario del siglo XVII. En ese grupo hay desde exmilitares, expolicías, gobernadores, hasta ministros que apoyan al Rey de España, de manera totalmente honoraria y no cobran por esto, solo lo hacen por amor a la Corona, según explicó.

Además, el hombre no viajó 300 o 400 km en el baúl, sino solo 5 minutos, para pasar el control ya que no podía perder tiempo porque su niña estaba naciendo. Hasta ese momento, la comunicación de Viktor con su mujer Romina era asidua y frecuente a cada minuto. Viktor desde el baúl escuchó el relato del conductor sobre «el ciervo» hasta que abrieron el baúl y dijo: «Perdón ahora salgo». Y un policía respondió: «No, no, no quédese ahí que hacemos fotos».

Viktor después fue trasladado a la comisaría de la Paz, no opuso resistencia y explicó su historia a cada policía que pudo. En este marco, Viktor aseguró a NewsDigitales: «El jefe de comisaría de la Paz fue muy bueno conmigo» y completó que los dos días que estuvo en comisaría fue muy bien tratado. Mientras tanto, en Rosario, su niña ya había nacido, tal le avisaron en el momento en que lo detuvieron y le sacaron el teléfono. Posteriormente se lo trasladó a la comisaría quinta de Paraná y le comunicaron que debía hacer la cuarentena por 14 días allí por haber violado el aislamiento obligatorio.

«La Justicia tiene pocas herramientas para actuar porque, hasta ahora, no hay delitos graves para imputarle. Por lo cual, lo más probable es que en los próximos 10 días quede en libertad», se había informado. «Lo podrían deportar, pero con la pandemia, no lo pueden hacer», se indicó.

«En la Justicia Federal de Entre Ríos, que son los que toman la declaración a este hombre, no le cerró del todo su historia. Por eso, el juez Leandro Ríos pide a Interpol sus antecedentes para ver si tiene algún pedido de captura. Sólo está bajo cuarentena, en este momento, por haber violado el aislamiento obligatorio, pero no tiene ninguna imputación, porque es un delito migratorio», concluyó.

Viktor sin su teléfono (que cabe destacar, nunca comprendió porque se lo retiraron sino estaba detenido), cumplió la cuarentena solo en esa comisaría. Y 17 días en total transcurrieron desde que su mujer, Romina, dejó de tener comunicación directa con él debido a que le retuvieron su teléfono (para investigarlo). Por ese motivo, el empresario conoció a su hija por medio de una foto que un policía de la comisaría quinta le mostró al comunicarse con la esposa.

«La gente me trató muy bien, los abogados hicieron que me traigan comida dos veces al día, los policías fueron muy amables, me dieron mantas para que no tenga frío, el sitio no estaba preparado para quedarse uno mucho tiempo ahí, no hay ducha, no hay nada», contó el empresario ucraniano.

El reencuentro

Finalmente y luego de 17 días de emprendido este largo viaje, un viernes lo dejaron salir. Viktor se aseó de camino a la casa de su suegra (no se pudo bañar durante 14 días), fue a comprar una camisa blanca, 3 ramos de flores (para su mujer, su hija y su suegra), corrió al reencuentro con su familia y principalmente a conocer a su pequeña niña con apenas unos días de vida.

A pesar de todo este incordio, Viktor no guarda enojo alguno o rencor por las vueltas y los días perdidos, y aún mantiene sus deseos de invertir y traer su empresa al país. Según explicó el empresario, encontró en Argentina los mismos intereses que se requieren para el despliegue de su tecnología, entonces podría construir una fábrica aquí.

Sus maquinarias transforman el agua de mar en agua potable ultra pura para consumo humano, sin productos químicos, sin filtros y sin membrana. Y luego, a pesar de este mal trago, fue contactado por distintas empresas encargadas de la producción de agua para consumo en Argentina para adquirir su tecnología.

«Al final yo llegué a mi destino y encontré a mi princesa, mejor más tarde que nunca. No hay fronteras cuando uno quiere llegar a ver a su niña, abrazar a su mujer y estar con su familia», cerró.

Fuente: NewsDigitales.

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