Por gas y luz, un hogar rico recibió subsidios por $ 6.537 y uno pobre $ 2.830

Image

 

Debe haber pocos casos en la historia que registren una situación como lo que sigue: los sectores más pobres de una sociedad se movilizan, militan y ensalzan a organizaciones sociales, ONGS o líderes políticos que pugnan por mantener decisiones de política de ingresos que favorecen a los ricos y perjudican a los pobres.

La euforia que generó en ciertos sectores sociales y, para simplificar, en la militancia que rodea a Cristina Fernández de Kirchner, el fallo de la Corte Suprema que hizo retroceder al Gobierno con las nuevas tarifas de gas, es uno de esos pocos casos.

Ocurre que la obligación de retrotraer los valores del gas natural para usuarios domiciliarios a los que regían antes del aumento que pretendió imponer el Gobierno, cristaliza una situación de brutal inequidad: los hogares más ricos de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, seguirán recibiendo dinero, en forma de subsidios, por montos hasta cuatro veces más altos que los que beneficiarán a los hogares de más bajos ingresos.

En números: el hogar ubicado en el decil más rico recibió, en promedio, $ 3.003 de ayuda para pagar el gas natural que consumió en un año y 3.534 por la energía eléctrica. Un hogar del decil más pobre, recibió apenas $ 570 pesos por el consumo de gas y $ 2.260 por la electricidad. Así, para pagar las facturas de luz y gas de todo un año, el hogar más rico recibió ayuda del fisco por $ 6.537 pesos y el más pobre, apenas $ 2.830.

Para no hacer un ejemplo tan extremo: los hogares de los cinco deciles más ricos recibieron para luz y gas subsidios por un monto que es 249% más alto al que recibieron los hogares de los cinco deciles de menores ingresos. En números: $ 14.014 para los más ricos contra $4015 para los más pobres.

Para ahondar la inequidad, lo obvio: el hogar más rico no necesitaba lo que el Estado le regaló. Esto se tradujo en un lugar común de estos años: el Estado le subsidia al rico el gas natural que utiliza para calefaccionar el agua de la pileta que tiene en un country. En el otro extremo están el pobre que tiene suerte de vivir donde hay red de gas natural. Los argentinos que utilizan gas en garrafa, están peor aún.

Todas las cifras corresponden a 2014, pero como no hubo cambios tarifarios, no perdieron validez. Fueron calculadas, a pedido de Clarín, por los economistas Leandro Salinardi y Jorge Puig, del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (CEDLAS) del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata. Es un centro de estudios, referencia mundial para los estudios de distribución del ingreso, que conducen los economistas Leandro Gasparini y Guillermo Cruces.

Salinardi y Puig son los autores del trabajo “Argentina y los Subsidios a los Servicios Públicos: Un Estudio de Incidencia Distributiva”. En estas semanas, el documento tuvo mucha visibilidad. El propio ministro de Energía, Juan José Aranguren, lo mencionó el martes pasado en Diputados, para defender el cuadro tarifario que el jueves frenó la Corte Suprema.

El trabajo hace un análisis de los subsidios que se otorgan a los usuarios de gas por red, energía eléctrica, transporte urbano y suburbano de colectivos, trenes, agua y servicios sanitarios. El ejemplo más grosero es el del transporte aéreo. En todos los casos queda demostrado que durante los últimos años los subsidios tuvieron un carácter “pro-ricos”.

Salinardi explicó que las cifras calculadas para gas y electricidad por sí solas demuestran la regresividad de los subsidios. “Representan casi el 80% del total de transferencias corrientes”.

Para calcular cuántos pesos recibió en promedio cada hogar, los economistas del Cedlas hicieron esto: “Tomamos el monto total de transferencias que el Gobierno hizo en 2014 a los usuarios de gas de red y electricidad en cada decil (a partir de nuestro ejercicio de incidencia absoluta previo que está en el paper), y lo dividimos por el total de hogares que lo componen”.

La conclusión del trabajo es categórica: “La mayoría de los subsidios analizados son pro-ricos (es decir se concentran en términos absolutos en los deciles de más altos ingresos) y progresivos (como proporción de su ingreso, los estratos más bajos reciben relativamente más). Si bien es deseable la progresividad, no es deseable que sean pro-ricos. El hecho de que la mayoría de los subsidios caigan en manos de los sectores más pudientes de la población sugiere que existen espacios para una mejor focalización de estas políticas.

Fuente Diario Clarin


Lee también El fallo judicial abarca a residenciales, empresas y comercios seguirán pagando  topes de hasta 500%

 

agenciainfopaer@gmail.com

Compartir en redes sociales

siguenos en facebooksiguenos en Google+siguenos en TwitterCanal de youtubesígueme en Instagram

 

Publicidad